Obstáculos que limitan la proyección del talento juvenil

Nohelis Ruiz: "Aplaudo el valor y la valentía de muchos padres que se han atrevido a hablar, exigir y hacer frente a una situación que obstruye y dificulta el desarrollo intelectual y profesional de nuestros jóvenes"

Nohelis Ruiz
E.T.C. Universidad
linkedin.com/in/nohelisruizarvelo

Se habla mucho de transferencia tecnológica, disponibilidad de la tecnología y acceso a conocimientos, de hecho, miles son las iniciativas, programas y recursos de apoyo intensivo que se ofrecen por parte de empresas e instituciones con el finde formar a los jóvenes para una inserción más optima y sostenible al mundo laboral. No obstante, nos encontramos, no solo en países menos desarrollados, sino que a nivel global y en países de grandes economías con las mejores universidades del mundo; muchas, por no decir la mayoría de estas iniciativas no están siendo tomadas en cuenta por la sociedad y por aquellas personas para las cuales han sido diseñadas. Un fenómeno que afecta todos los ámbitos, el educativo, social, laboral, afecta también a las personas, comunidades y países en general.

Tengo el gran privilegio de hacer una de las cosas mas gratificantes de la vida, ser profesora en algunas universidades y Escuelas de Negocios, y me encuentro a diario con decenas de jóvenes talentosos y brillantes que no valoran sus propias capacidades y no se sienten confiados de aportar todo lo que pueden aportar. Este último mes me he encontrado con situaciones que me han dado algunas respuestas en relación a este tema. Una de ellas ha sido haber asistido a la premiación de “Mejores Prácticas para Impulsar el Empleo Juvenil” de la Fundación Mahou San Miguel, en la que se postularon decenas de empresas e instituciones con programas valiosos e innovadores, casos realmente de éxito, todos. Escuchar a esos empresarios comprometidos y orgullosos de su labor ha sido un bálsamo para mis oídos, sin embargo, noté que había algo en común en el discurso de aquellos que fueron premiados y era la frase “Segundas Oportunidades”, refiriéndose a la formación para la proyección e inclusión laboral de jóvenes que estaban siendo excluidos por el sistema. Es decir, ya no se trata de acortar brechas y formar a los jóvenes que están dentro del sistema, los cuales, como he comentado en el párrafo anterior, no están participando en las convocatorias propuestas por miles de empresas e instituciones, sino que estos programas estaban siendo implementados para aquellos jóvenes excluidos del sistema educativo y por ende, del sistema laboral por diferentes razones, como por ejemplo, en algunos casos debido a capacidades diversas o porque el sistema educativo los limitó de alguna manera. Recuerdo especialmente el discurso de Luz Usamentiaga representante del programa GarageLab de la Fundación Orange, no solo por ser una propuesta tecnológica y creativa, sino porque está dirigida a evitar el absentismo escolar y reducir la tasa de abandono escolar. Asimismo, me encantó la labor de “La Rueca” y la Escuela de Cocina Tierra que de manera integral forma y acompaña a jóvenes en la mejora de sus habilidades transversales y digitales a través del mentoring individual que les permite la transición a la vida adulta y la inserción laboral.

 Otra de las situaciones que se repiten una y otra vez, es la de padres que intentan dialogar en los colegios e institutos en relación a casos de evaluación, acceso a la información y formatos de evaluación que no están siendo beneficiosos para sus hijos. Aplaudo el valor y la valentía de muchos padres que se han atrevido a hablar, exigir y hacer frente a una situación que obstruye y dificulta el desarrollo intelectual y profesional de nuestros jóvenes. Casi una decena de casos conocidos que han ido a los centros educativos de sus hijos pidiendo la revisión de evaluaciones ya que sus hijos, no entienden el resultado obtenido. Ellos mismos, habiéndose preparado y sintiéndose aptos para obtener los mejores resultados, piden a sus padres que los acompañen a solicitar una revisión, pero no se les permite, se les ha negado. Algo que pereciera no tener mayor impacto en el desarrollo de estos chicos, pero lo cierto es que si, justo a ellos, siendo los mejores de sus clases, se les es negado ese derecho. ¿Qué podemos esperar para aquellos jóvenes que no cumplen con requisitos que exige un sistema nada inclusivo? Si vamos adicionando cada año que estos chicos pasan dentro del sistema educativo, es evidente que esto repercute de forma drástica en sus vidas, en sus posibles relaciones laborales y sociales del futuro próximo.

Y ¿por qué digo esto? Pues porque una de las características más valiosas de los seres humanos es su capacidad de colaborar, y justamente una de las que permiten que los seres humanos desarrollen sus “Habilidades Poder” es la colaboración como eje estratégico de co creación y generación de ideas, conocimientos, soluciones y respuestas. Las “Power Skills” derivan de la autogestión de las habilidades blandas y duras, y que se van coartando gracias a este tipo de eventos que vivimos en el sistema educativo, y a situaciones del sistema social y familiar, que impiden llegar a identificar y poner en juego sus habilidades de poder, tanto para el ámbito personal como en lo profesional. Esto trae como consecuencia que nuestros jóvenes no desarrollen la autoconfianza, la capacidad de debatir y de exigir ser escuchados o que respeten sus derechos.

Desde esta perspectiva, lo más importante es que nuestros jóvenes sean capaces de tomar decisiones y de utilizar cada una de sus habilidades y destrezas de forma asertiva según cada situación o eventos que requieran resolver como miembros de una sociedad, de una empresa o institución. Tan necesarios, por cierto, para hacer frente a una de las variables más complejas dentro de cualquier proyecto, equipo, comunidad u organización; las personas, nosotros (autogesión) y las otras personas con las que debemos interactuar para colaborar y trabajar en equipo. “La Inteligencia Colaborativa” se compone de varias o muchas inteligencias individuales y autogestionadas; necesita de seres plenos y confiados, y no de chicos que no son vistos, ni son escuchados, y muchos otros son excluidos gracias a reglas obsoletas, a procesos de enseñanza y aprendizajes poco prácticos que arrojan claras asimetrías sociales y profesionales. 



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