Educación | Artículos | 03 DIC 2016

Tres ejemplos del mal uso de las tecnologías en la educación

Tags: Formación
La implantación de tecnología tiene un objetivo, y ese objetivo no es la tecnología
Marlon Molina

Escribo de tecnología, escribo también de educación, y por supuesto la idea es escribir en esta sección de la unión de ambas temáticas. Sin embargo hoy después de que publicáramos el vídeo que puedes ver arriba, y después de una conversación que tuve esta misma semana con la tutora de mi hija mayor, quiero expresar y de forma clara, que no todo es tecnología, y de hecho que se mal interpreta cuando se habla de tecnología.

Lo normal es esperar referencias a “milagros” en las aulas cuando se habla del uso de la tecnología en la educación. Lo cierto es que poco se consigue. Y me gustaría enfocar tres ejemplos, que a la vez para mí son categorías:

El objetivo de la tecnología

Normalmente cuando se incorpora la tecnología es porque hay un objetivo detrás, porque al final del día representa una inversión, y como es evidente, se espera un retorno de inversión. Por lo tanto no se incorpora tecnología por la tecnología.

Los objetivos más comunes están asociados al aumento de la productividad. Si es así, la tecnología tendría que estar bajando la carga de horas en el colegio, la carga de materias y por supuesto, de deberes. Cuando yo estudiaba en el colegio, cualquier duda que no pudiera resolver con los libros que tenía mi padre en casa me obligaba a invertir horas en la biblioteca pública. Hoy los chavales tienen a Google para responder a lo que sea en segundos, por lo tanto, los deberes deberían hacerse en una fracción del tiempo que yo dedicaba. Curiosamente, dedican más horas de las que yo dedicaba.

Digitalizar es solo digitalizar

Algunos se sorprenden cuando ven algo en una pantalla o por medio de un ordenador. Las pizarras digitales son un triste ejemplo. Las pizarras tradicionales ya sea de tiza o de rotulador, están al frente de la clase, ya sea un profesor o un estudiante usan la tiza para pintar sobre la superficie, y un borrador para eliminar los trazados. Con la pizarra digital hacen lo mismo, pero con una mayor dificultad, después de calibrarla, conseguir unas líneas y unos círculos requieren de un gran esfuerzo, y el resultado final, quizá un poco más colorido, pero no más útil.

Otro ejemplo son las tabletas. Algunos colegios valientes han incorporado tabletas para que ahí los estudiantes puedan tener algún libro –digo algún libro porque las editoriales siguen echando un pulso a la tecnología resistiendo en el lado del papel. El resultado es leer con tinta digital o con tinta tradicional, pero el trabajo no se reporta al profesor o a la institución usando los medios electrónicos, los trabajos siguen sin entregarse así, y lo más importante, los exámenes siguen en papel.

Las visitas al colegio

Muchos colegios han creado portales para que los padres puedan comunicarse con la institución, eliminando prácticamente el teléfono y las visitas físicas. No obstante, se trata de una nueva ubicación, solo que en Internet. Es verdad que puede ahorrar en transporte, pero es verdad que si nos vas al portal, con las claves y las reglas del portal, no te comunicas. Es sustituir el teléfono que todos tenemos, el email que todos usamos, por una ubicación virtual.

 

 

Marlon Molina

Marlon Molina

Colaborador experto en educación, formación, gestión de servicios TI y Gestión de Proyectos. Certificado ITIL, PRINCE2, ISO/IEC20000, SAM, y otros. Actualmente es el director de Computerworld University y de la Cátedra UDIMA-IDG para la Transformación Digital. Madrid, España.

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