Actualidad | Artículos | 25 ABR 2018

Fase dos: violenta oposición al Transhumanismo

José Luis Cordeiro responde a los últimos comentarios negativos en medio de las actividades de lanzamiento del libro "La muerte de la Muerte"
transhumanista
José Luis Cordeiro

A finales de noviembre del año pasado me contactó un periodista de Materia,  El País, llamado Daniel Mediavilla. Quería, supuestamente, escribir un artículo sobre mi persona. Como siempre hago, accedí a facilitarle toda la información que me solicitaba. Cuál sería mi sorpresa cuando, tras leer lo publicado, me di cuenta de que no se trataba de una historia sobre mí, sino contra mí.

Cuando le pedí las explicaciones pertinentes, y sobre todo, cuando le pregunté por qué ofrecía datos falsos sobre los que yo ya le había enviado la información correcta, me contestó que no era cosa suya, sino de sus jefes, pues estos creían que ahí había “una historia” y que “no podía esperar” a recibir toda la información.

En resumen, que sus jefes le habían pedido una historia que consiguiera muchos "clicks" y él, como buen plumilla, se había esmerado en el encargo. Nada nuevo bajo el sol. Y nada nuevo tratándose de El País. De hecho, y siendo yo venezolano, enseguida me acordé de la famosa foto falsa de Hugo Chávez. Como algunos lectores recordarán, El País publicó en portada en enero de 2013 una foto de un supuesto Chávez moribundo. Tras descubrirse que la persona que aparecía en la imagen no era Chávez, El País se vio obligado a pedir disculpas y a retirar la edición. Según el periódico ABC ellos también recibieron la foto y pudieron publicarla por 30.000 euros, pero la rechazaron.El País, contrariamente, sí aceptó y la publicó sin verificar las fuentes.

Volvamos al artículo del Sr. Mediavilla. En él me acusaba, entre otras muchas lindezas, de ser un “charlatán” y de no pertenecer ni haber pertenecido a los profesores de Singularity University (SU), tal y como consta en mi CV. Para demostrarlo, afirmaba haber contactado con dicha institución, desde la que se le había dicho que, en efecto, yo no tenía ni había tenido relación alguna con ellos.

Veamos lo que ocurrió. Yo fui profesor de la Singularity University desde sus primeras clases, en 2009, hasta 2012, y además seguí regresando cada verano para ver las presentaciones finales de los alumnos hasta 2016. Basta ver el documental que se hizo sobre la universidad, titulado The University, en el que aparezco dando una clase de energía en una de las aulas de la universidad. O las muchas fotos que uno puede encontrar en Internet en las que salgo retratado con otros profesores y alumnos de la misma institución.

¿Entonces, por qué la Singularity University lo niega? Pues porque tanto yo como otros profesores de aquella época mantenemos una agria disputa con la actual administración de Singularity University. Lo que sucedió, pocos años después de su fundación, fue que uno de los alumnos de Singularity University compró parte de la organización y paulatinamente la transformó en lo que se conoce como una “Benefit Corporation”, alejándola de su propósito original. En pocas palabras: convirtió lo que era una máquina del conocimiento en una máquina de generar ingresos para sus mayores accionistas.

Tanto yo como otros profesores tuvimos problemas con esta persona y con su enfoque y, desde entonces, nos hemos ido desvinculando de la Singularity University, como explica claramente un artículo reciente en Bloomberg. De hecho, a mí me gusta enfatizar en mis presentaciones que Singularity University tiene el nombre equivocado, no una vez, sino dos veces, pues Singularity University no es propiamente una universidad, y tampoco trabaja propiamente el tema de la singularidad. He explicado esta cuestión en diferentes presentaciones, tales como TEDxRio+20Singularity Summit 2010SingularityWeblogInternational, Longevity and Cryopreservation Summit y con otras actividades con alumnos y colaboradores desde España hasta Perú, por ejemplo. En resumidas cuentas, a pesar de lo que pueda decir su actual administración, yo fui uno de los primeros profesores de Singularity University. Y lo fui durante cuatro años, en los que colaboré con sus fundadores, y amigos míos, Ray Kurzweil y Peter Diamandis, ambos ingenieros del MIT, como yo mismo.

El Sr. Mediavilla hizo bien su trabajo al contactar con la Universidad, pero lo que le dijeron le gustó demasiado como para explicar toda la verdad. De hecho, y dado que yo le envié la presentación que hago con el cofundador de Singularity University, Ray Kurzweil, en la sede de Google en Silicon Valley, en el intercambio que tuvimos de correos electrónicos me escribió: “Veo que efectivamente Kurzweil dice que empezaste organizando la universidad junto a él y otros”. Sin embargo, en su artículo simplemente lo obvió y escribió que en Singularity University le dijeron que “José Luis Cordeiro no está en absoluto afiliado con SU”. En fin, ya conocen ustedes aquello de “no dejes que la realidad te estropee un buen titular” que algunos malos periodistas tienen como norma.

Tras las mentiras ya explicadas sobre Singularity University, el Sr. Mediavilla expone sus dudas sobre mi participación en la Internet Society y la Sociedad Mundial del Futuro. Yo siempre explico claramente que soy cofundador de los capítulos de Venezuela de ambas instituciones, como aparece claramente escrito en los estatutos fundacionales de ambas organizaciones, que son públicos y están al alcance de cualquiera. Jamás he dicho que soy fundador, ni cofundador, de esas organizaciones en Estados Unidos, pero sí en Venezuela. Nuevamente, un buen periodista habría podido encontrar la información y verificarlo directamente. Internet Society (Venezuela) sigue relacionada con Internet Society mundial, pero la Sociedad Mundial del Futuro Venezuela se desvinculó de la Sociedad Mundial del Futuro internacional en 2016, cuando fue vendida en Estados Unidos y comenzaron a cobrar a los capítulos nacionales.

Tras ello, el periodista se sirve de unos comentarios de científicos para tratar de desacreditarme. Lo cierto, no obstante, es que no existe actualmente ningún acuerdo científico sobre temas tan nuevos, complejos y controvertidos como el rejuvenecimiento y el antienvejecimiento. De hecho, en el año 2005, yo colaboré para compilar la primera carta abierta de científicos a favor de la investigación sobre el envejecimiento. En estos momentos, estoy compilando una nueva carta abierta más extensa y con muchos más científicos a favor, pues desde el año 2005 se han producido grandes avances. Los que estamos a favor estamos convencidos de que la pregunta ya no es si el rejuvenecimiento es posible, sino más bien cuándo será posible. Espero presentar públicamente esta carta el próximo 19 de octubre en Madrid, así que sería bueno que dicho periodista acuda a la rueda de prensa que haremos entonces.

Varios de los científicos más importantes del mundo han afirmado en los últimos años que el rejuvenecimiento será posible pronto. Investigadores como George Church de la Universidad de Harvard; Cynthia Kenyon de Calico; Craig Venter de Human Longevity Inc. y Michael West de BioTime, entre muchos otros, se unen a grandes empresarios como Sergéi Brin de Google; Mark Zuckerberg de Facebook, Jeff Bezos de Amazon; Peter Thiel de PayPal, solo para nombrar unos pocos, que están dedicando enormes recursos a la investigación sobre el envejecimiento.

¿Por qué ahora? Porque hoy tenemos la tecnología necesaria para comprender más y en mayor profundidad sobre la biología humana y cómo modificar nuestro genoma. Además, hoy sabemos que hay células que son biológicamente inmortales (como las células madre y las células de cáncer) y pequeños organismos que también son biológicamente inmortales (como las hidras).

La prueba de concepto de que es posible es que ya existen células y organismos inmortales, y ahora los científicos tienen que descubrir como replicarlo a escala humana. Para mayor información sobre este fascinante tema sugiero leer mi nuevo libro, titulado La muerte de la muerte (Deusto, 2018), que acaba de publicarse y cuyos derechos de autor y regalías serán donados en su totalidad a la investigación científica contra el envejecimiento.

En realidad, y como he repetido en innumerables foros, yo no soy un pionero en esta materia. Yo simplemente recojo y analizo lo que varios de mis amigos y colegas están investigando en diferentes partes del mundo. Es por ello que le recomiendo al periodista no atacar al mensajero, sino al mensaje, en caso de estar en desacuerdo. Varias ideas de las que algunos críticos me hacen responsable, no son mías, sino de amigos como Ray Kurzweil y Aubrey de Grey, por ejemplo. Y lo han dicho ya hace más de una década:

En el año 2045 alcanzaremos la singularidad tecnológica (y la inmortalidad).Ray Kurzweil.

El periodista también utiliza uno de mis chistes, pero a medias, para tratar de descalificarme. Yo suelo decir irónicamente que tengo un cerebro muy rápido de 1000 hercios (es decir, un Kilohercio, o como digo yo: un Kakahercio). El periodista toma literalmente ese chiste para preguntarle a un científico si es posible tener un cerebro así, y entonces cita esta respuesta del investigador: “¿Cómo hace este prohombre para funcionar con un ritmo de 1000 hercios? No se conoce un ritmo tan rápido. Charlatanes hay un montón.” El periodista no tiene ni la más mínima decencia para explicar que es un chiste que yo hago habitualmente para comparar lo lento de nuestros cerebros (que no llegan a Kakahercios) con lo rápido de la electrónica (que funciona en Gigahercios).

El periodista, posteriormente, busca a otro investigador en Inteligencia Artificial (IA) para intentar descalificarme de nuevo. Yo jamás he dicho que trabajo en IA, ni que soy un “experto” (aunque tampoco debemos confiarnos de muchos  llamados “expertos”), pero sí sigo los acontecimientos en este fascinante tema desde diferentes puntos de vista. Uno de mis profesores favoritos en MIT fue Marvin Minsky, conocido como uno de los padres de la Inteligencia Artificial, y del cual aprendí muchísimo.

El primero que vivirá 1.000 años ya ha nacido. Aubrey de Grey.

También aprendo continuamente de Ray Kurzweil, quien además de cofundador de Singularity University es director de ingeniería de Google y autor de varios libros, entre los que figura Como crear una mente con mi prólogo a la edición española. Ray está terminando un nuevo libro con el título La Singularidad está más cerca, la continuación de su best-seller anteriorLa Singularidad está cerca, que será presentado en 2019. Realmente vivimos en tiempos de disrupción tecnológica, y la mayoría de los antiguos “expertos” no visualizan los cambios exponenciales que se avecinan.

Asimismo, soy miembro de la Coalición para la Extensión Radical de la Vida (Coalition for Radical Life Extension) y uno de los organizadores y presentadores del festival anual RAAD (Revolution Against Aging and Death) en San Diego, California. Nuestro objetivo es mostrar los avances cada vez más impresionantes en longevidad y rejuvenecimiento. En agosto de 2017 presentamos las investigaciones de Michael Rose (quien ha logrado incrementar 4 veces la expectativa de vida de mosquitos Drosophila melanogaster) y de Robert J.S. Reis (quien ha aumentado hasta 10 veces la longevidad de gusanos C. elegans). El objetivo no es tener mosquitos y gusanos más longevos, sino usar estos descubrimientos para posteriormente aplicarlos en humanos. En septiembre de 2018 estamos organizando el próximo festival RAAD 2018 con Ray Kurzweil, y muchos otros expertos en longevidad y rejuvenecimiento, entre otros temas.

Me declaro futurista,transhumanista,singularitariano e inmortalista y, por ello, suelo recibir un sinfín de críticas. La tecnología sigue avanzando a pasos acelerados y yo no le tengo miedo a la inteligencia artificial, sino a la estupidez humana, y parece que todavía queda mucha estupidez humana, lamentablemente. Leer algunas de las críticas que me hacen me recuerda lo que dijo una vez Albert Einstein: “Dos cosas son infinitas: la estupidez humana y el universo; y no estoy seguro de lo segundo”.

Espero, como Ray Kurzweil, que para el año 2029 vamos a pasar el Test de Alan Turing, cuando no se pueda diferenciar entre una inteligencia humana y otra artificial. Y para 2045 llegaremos a la singularidad tecnológica y la inmortalidad, si logramos avanzar de la actual estupidez humana a una nueva inteligencia humana aumentada y complementada con inteligencia artificial.

Como muchos transhumanistas, me encanta estar en la punta de lanza de las tecnologías, pensando en cómo aprovechar los nuevos avances para el beneficio de la humanidad. Me gusta hablar de la muerte de la muerte,para todo el mundo y en todo el mundo, y esa es quizás la idea más disruptiva que exista. Pero no soy el único, somos muchos, y cada vez somos más quienes creemos, trabajamos e invertimos para convertir el sueño más grande de la humanidad en una realidad.

No me mueve el dinero, y como he explicado antes los derechos de autor de mi último libro se donan completamente a la ciencia. Tampoco estoy pidiendo una rectificación -no merece la pena entrar en ello a pesar del consejo legal recibido-, pero, por otro lado, no deja de ser cierto que mi imagen y mi credibilidad afectan a mi labor divulgadora. Ello es aún más grave cuando se utiliza un ataque a mi persona como medio idóneo para intentar desacreditar el mensaje de la Singularidad y del Transhumanismo.

Querría por ello que sin necesidad de entrar en un careo entre mi versión y la del Sr. Mediavilla -que seguro tiene su propia explicación interna y para la casa- se me dé la oportunidad de contar mi mensaje con la misma difusión que la que se dio al reportaje inexacto y, desde mi punto de vista, tendencioso. Es decir, la reparación que vengo a solicitar como medio de queEl País se auto-regule y utilice con el debido cuidado el poder que tiene para llegar y moldear la opinión pública. Creo sinceramente que es un debate demasiado importante como para que quede en la hemeroteca y evidentemente en Internet. El deEl País es un relato parcial y que no se centra en lo que seguramente interesa a sus lectores, que no es mi persona, sino los tremendos cambios y oportunidades que se precipitan en los próximos años.

En este sentido, El País tiene el derecho y el deber de informar, sin embargo, este loable derecho debe ejercerse cumpliendo unos mínimos requisitos legales y éticos, exigibles en los estados democráticos y de derecho: diligencia media, contraste de la información, y uso de fuentes fidedignas.

Esta injerencia en el derecho a mi honor se ha realizado sin cumplirse ninguno de estos requisitos, de forma dirigida y mal intencionada, con el único propósito de generar un descredito personal contra mi persona, enmascarando como información lo que no es más que una opinión dirigida e intencionada al público lector, para crear una falsa percepción sobre mi prestigio personal y profesional.  Y esto es lo que ha hecho este periodista, instrumentalizando y utilizando un prestigioso medio de comunicación, movido por sus propias convicciones morales de forma vengativa, perjudicando seriamente a mi reputación.

José Luis Cordeiro, MBA, PhD (www.cordeiro.org)
Ingeniero, Futurista, Transhumanista, Singularitariano, Inmortalista

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