Actualidad | Artículos | 14 ABR 2015

El valor de las certificaciones

¿Para qué sirve una certificación?, ¿Compensa?, ¿Que nos aporta?
cinturon-karate-marciales
Fermín Fernández

A lo largo de los últimos meses me he estado preparando intensamente para presentarme a un examen oficial y optar a una certificación. Para mí, como para la mayoría de los mortales, no ha sido un camino de rosas. Poder hacerlo con ciertas garantías de éxito requiere esfuerzo, hay que buscar la manera de sacar no poco tiempo, encontrar la motivación, establecer un plan de trabajo, incluso un desembolso económico… pero durante estos meses de dura preparación venían a mi mente reflexiones sobre el valor de las certificaciones...

 

La certificación en cuestión, es la de Cinturón Negro 2º Dan de karate, aunque creo que la experiencia y conclusiones son igualmente aplicables a cualquier certificación TIC.

 

Por una parte, tenemos el resultado visible o externo:

 

Alguien de reconocido prestigio te avala, ratifica que tú has demostrado tener el conocimiento y habilidades exigidas (al menos el día de la prueba).

 

  • En el caso del karate, el cinturón negro no te lo da cualquiera. Sólo lo puede conceder la Real Federación Española de Karate, a través de las diversas federaciones autonómicas, mediante un riguroso examen que se realiza ante un tribunal compuesto por 5 jueces “homologados” (han recibido formación y han superado examen de juez) y, por supuesto, los jueces son karatecas, al menos 3er Dan y siempre de grados superiores al aspirante.

 

El examen se realiza a puerta cerrada y se valora cada uno de los diferentes apartados del examen: capacidad técnica (defensas, patadas, puño,…), realización de katas, aplicación técnica ante un atacante, trabajo de defensa personal, combate y por último hay una parte teórica donde el aspirante debe poseer ciertos conocimientos en cuanto a: historia del karate, de su escuela, nombres en japonés de las técnicas, conceptos técnicos y biomecánicos, etc.

 

El karate, además de su faceta deportiva, es un arte marcial donde también se desarrollan, y hay que demostrar en el examen, otros valores como el respeto, las formas, la actitud, el dominio de la situación y del propio cuerpo, pudiéndose suspender el examen simplemente por mostrarte nervioso (falta de control).

 

  • En el caso de las certificaciones TIC, detrás de cualquiera de las habituales: ITIL, PMP, MSP, PRINCE, CISM… también hay entidades acreditadoras y certificadoras internacionalmente reconocidas (PMI, ISACA, Axelos, APMG,…) y con profesionales acreditados que diseñan los contenidos, las pruebas y certifican si los exámenes han sido superados por los candidatos.

 

En segundo lugar, una certificación te posiciona en un nivel.

 

  • En el caso del karate, la composición del examen varía en función del grado (Dan) al que optes. La complejidad de ejecución de las técnicas a dominar, el número de katas que se ha de conocer, el número de años en la práctica del karate que hay que acreditar o, en el caso de altos grados (de 6º a 10º Dan), el CV y las aportaciones personales que se haya hecho al mundo del karate, todo esto difiere y va aumentando su complejidad acorde al grado.

 

  • En el caso de las TIC, igualmente. La profundidad del conocimiento, el número de áreas de conocimiento dominadas, los años de experiencia requeridos, no son los mismos para los diferentes niveles de certificación (Foundation, Expert, Assessor,…).

 

Esto no quita, que una persona pueda tener esos mismos conocimientos o habilidades sin estar certificado. La diferencia al estar certificado es que lo has demostrado, y alguien con la suficiente autoridad lo ha medido, comprobado y pone la mano en el fuego por ti.

 

Por otra parte tenemos el resultado invisible o interno:

 

Este, para mí, es el más importante. Más allá del CV o de las ventajas profesionales que nos aporte una certificación (en este caso ninguna, yo no me dedico al karate, aunque nunca se sabe, siempre hay que tener un plan “b”…) el camino recorrido hasta el día de la prueba final deja su poso.

 

Si nos comparamos a nosotros mismos en el día “D” (Después del examen) respecto al día “A” (Antes de empezar a prepararlo) nos daremos cuenta que ha habido una evolución, un desarrollo, una superación, hemos mejorado en diferentes aspectos:

 

  • En primer lugar, en el aspecto técnico, sea karate o gestión de servicios TIC, nuestras habilidades y conocimientos en el momento “D” no van a ser los mismos que en el momento “A”. Seguro que se han incrementado notablemente en el camino. Meses de entrenamiento o estudio, práctica, preparación, independientemente de conseguir la certificación, no habrán sido en vano. Indudablemente después somos más capaces y estamos mejor preparados. Si no, piensa si hubieras podido presentarte al examen en el día “A”. Este desarrollo o mejora conseguida no es tan fácil de alcanzar sin la “zanahoria” de la certificación. Es difícil poner el mismo interés y priorizar nuestro tiempo de igual forma sin un objetivo concreto como es la certificación. Sin embargo, más allá de la certificación, la mejora conseguida será aplicable en tu día a día.

 

  • Por último tenemos el aspecto personal. Optar a un certificación, sea cual sea y cada uno en su nivel, supone un reto, fijarse un objetivo e ir a por él. Sentir que hay un camino que hacer, vivir cómo lo vas recorriendo, como vas avanzando, como vas consiguiendo pequeños hitos orientado al objetivo final. Observar mejoras, ser consciente de tus carencias y tomar medidas para cubrirlas. Sentir la tensión según se va acercando el día “D”. ¡Sentirse vivo!. Comprender que has elegido dar un paso de superación que podías no haber dado. Que aún sin saber si vas a conseguir aprobar o no, ¡Ya estás ganando!. Esto se traduce en aumentar tu autoconfianza y sentir una gran satisfacción personal. Sentirte bien, sentirte capaz, sentirte mejor.

 

Como se dice en los maratones, “Las carreras se ganan en los entrenamientos, el día de la carrera sólo vas a recoger tu medalla”. El día del examen estaba totalmente tranquilo, sabía que los deberes estaban hechos. El examen lo hice con control, con consciencia, con serenidad. Al terminar me sentí satisfecho, contento, sabía que había hecho un buen trabajo. En ese momento era todo lo que necesitaba, había cumplido mi objetivo. El resultado ya me daba igual, no era cosa mía era cosa de los jueces.

 

Por cierto, aprobé!

 

Fermín Fernández

Colaborador experto en gestión, desarrollo e implantación de sistemas de información y en el ámbito de la consultoría estratégica, gobierno y procesos TIC. Certificado ITIL. Actualmente es Sr. Manager en PwC. Entusiasta del deporte, karateka, corredor popular y blogger.  Rivas Vaciamadrid, España.

 

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